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San Agustín:
Toda su filosofía se basa en el principio de la fe. La fe es el presupuesto básico del conocimiento filosófico y de todo conocimiento verdadero.

Dios:
Dios es el principio y fin de todas las cosas. Es el creador, causa eficiente del universo, de donde todo procede íntegramente, y la causa final hacia donde todas las cosas tienden y han de retornar. Al crear el mundo le imprimió un orden que consiste en que cada cosa tenga una esencia, por tanto un fin propio, este orden es la ley.

La ley:
La ley es trascendente al mundo, la ley reside en Dios y él ha creado el universo. Dios es eterno y necesario, el mundo no. Dios es la trascendencia. La ley universal es la propia razón y voluntad de Dios, la divina sabiduría.
La le
y eterna es el centro de la concepción moral y jurídica; directamente conectada con su idea de la creación y del orden universal establecido por Dios. Es inaccesible al conocimiento humano; sólo indirectamente por su reflejo en la ley natural se puede conocer. Es guía de toda acción justa y buena, modelo para las leyes humanas.
Los seres irracionales realizan la ley eterna movidos por la necesidad, caso en que adopta la forma de una ley física (o ley natural física). En cambio, los seres racionales la cumplen a través del impulso de su propia voluntad, momento en que toma la forma de una ley natural. Es conocida por el hombre a través de la razón. Aunque la ley natural y la ley eterna se identifican, se denominan de esta manera porque se localizan en distintos lugares. La ley eterna está en la mente divina y la ley natural en la mente humana.

La justicia:
Este concepto tiene en San Agustín el doble significado que ya había adquirido, por un lado es una virtud moral, y además es el principio definitorio del derecho o la regla de las relaciones intersubjetivas. La justicia es Dios; la justicia auténtica sólo puede nacer de la voluntad de Dios, y ella está presente en la ley eterna.
La justicia es la perfección del hombre, la virtud universal en cuanto principio de armonía del alma humana. La justicia es el criterio que regula la conducta de los individuos en sus relaciones mutuas. Es el núcleo esencial del concepto de pueblo y de Estado. Para que haya derecho tiene que haber justicia; la justicia es la base del derecho, el derecho la base del pueblo, y el pueblo la base del Estado, de donde se deduce que el fundamento del Estado es la justicia.

El derecho:
San Agustín distingue el derecho que es por naturaleza del derecho que lo es por costumbre o por hábito. El derecho natural lo componen aquellos preceptos de la ley natural que regulan las exigencias de la justicia en relación con los otros; lo caracterizan la alteridad, teniendo como fundamento la naturaleza y la razón.
No es ley verdadera aquella disposición legal que no se ajusta a la ley eterna; no es verdadero derecho aquel que no se ajusta a la justicia. La ley eterna y su reflejo en el alma como ley natural es la regla moral y universal, y a ella deben ajustarse todas las acciones humanas. De la práctica de la justicia nace el derecho que puede ser natural o basado en la costumbre. Dentro del derecho basado en la costumbre y el uso hay una subclase que es la ley.
La ley temporal o la legislación en general corre paralela con la ley eterna en cuanto aquella gobierna los reinos temporales y ésta el universo entero. Su valor como ley está sujeto a su conformidad con la ley eterna. El concepto de derecho es más amplio que el de ley temporal. Todo derecho debe ajustarse también a la ley eterna. La verdadera ley y el verdadero derecho son aquellos que cumplen las exigencias de la ley moral y de la justicia.
La ley eterna no varía, pues es la propia justicia y providencia divinas, que existen invariables eternamente. La ley eterna es inmutable, las diversas leyes temporales deben conformarse siempre a ella y aquella no varía, éstas sí. La ley eterna gobierna a la persona en todo el ámbito de la moral, la ley temporal sólo gobierna el aspecto público de la conducta, en el sentido de mantener la paz social. La ley temporal se aplica respaldada por la coacción.
La ley eterna es el instrumento de Dios para gobernar el mundo. La ley temporal es el instrumento del poder político para gobernar el Estado, así la ley positiva y el derecho aparecen como la plasmación más visible e inmediata de dicho poder.

Segunda etapa de su pensamiento:
Luego de las tesis de Pelagio, San Agustín reaccionó exagerando los efectos del pecado original en la especie humana, a fin de justificar la redención. Atribuye la salvación de cada uno exclusivamente a la voluntad de Dios y a la gracia divina.
La ley natural pasa a ser interpretada como un orden impuesto por Dios en el mundo humano, en muchos casos a través de la revelación. Pone en primer lugar a la voluntad divina como fuente de lo justo y de lo injusto y no se hace referencia a la razón de Dios ni a la razón intrínseca de las cosas creadas por él.